martes, 25 de noviembre de 2014

Actividad 1 eje 4

La violencia en las mujeres indígenas

La discriminación y la violencia hacia las mujeres indígenas son temas poco estudiados; a menudo se carece de datos estadísticos desagregados por sexo y por pertenencia étnica; se incorpora su problemática sin atender a la diversidad cultural o suele estigmatizarse su situación dentro de sus comunidades. En los diversos ámbitos se han estudiado de forma paralela la situación de las mujeres y de los pueblos indígenas teniendo como resultado sólo algunos puntos de convergencia. Por ello, es necesaria la realización de informes que presenten la realidad específica de las mujeres indígenas para determinar pautas que contribuyan al respeto de los derechos considerando el diálogo cultural y la perspectiva de género. Es un hecho menudo se carece de datos estadísticos desagregados por sexo y por pertenencia étnica; se incorpora su problemática sin atender a la diversidad cultural o suele estigmatizarse su situación dentro de sus comunidades. En los diversos ámbitos se han estudiado de forma paralela la situación de las mujeres y de los pueblos indígenas teniendo como resultado sólo algunos puntos de convergencia. Por ello, es necesaria la realización de informes que presenten la realidad específica de las mujeres indígenas para determinar pautas que contribuyan al respeto de los derechos considerando el diálogo cultural y la perspectiva de género. Es un hecho conocido desde la antigüedad y reconocido como un problema social. Las Naciones Unidas en su 85ª sesión plenaria, el 20 de diciembre de 1993, ratificó la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, donde se afirma que esta violencia es un grave atentado a los derechos humanos de la mujer y de la niña.

Quiero agregar algunos aspectos que delimitan el enfoque de este trabajo: el primero es el no ver a las mujeres únicamente en su papel de víctimas, lo que significa revisar la forma en que conceptualizamos la subordinación de las mujeres; el segundo tiene que ver con el tema de las representaciones, es decir, cómo construimos “las de afuera” la visión sobre “las” o “los otros”, aclarando que, en este caso, si bien hablo desde una posición muy cercana. 
Es decir, se recogen las voces y pensamientos de las mujeres a través de talleres, reuniones, foros y encuentros en los que hemos convivido. La segunda y última aclaración se refiere a que, aunque en algunos momentos se plantean generalizaciones, éstas son experiencias de las mujeres nahuas de Huauchinango, por lo que pueden existir diferencias con otras experiencias de violencia vividas por mujeres de otras regiones o grupos culturales.


¿Violencia doméstica, violencia intrafamiliar, violencia de género?
En primer lugar, quisiera hacer algunos  comentarios sobre el concepto de violencia, pues muchas veces se utilizan términos o conceptos como sinónimos, que en realidad no lo son y que, más bien, tienen que ver con la forma en cómo se concibe la problemática, y así las formas de atacarla. La violencia de género incluye maltrato, abuso y hostigamiento sexual en el entorno doméstico y público. El avance conceptual que representa identificar la violencia hacia la mujer como de género, es que se asume que las relaciones asimétricas de poder que existen en la sociedad entre hombres y mujeres representan uno de los factores más relevantes para entender la gravedad y dimensión de la violencia hacia la mujer. La característica de este tipo de violencia es que, a diferencia de los otros hechos delictivos violentos, el factor de riesgo o vulnerabilidad lo constituye el hecho de ser mujer (Diagnostico para conocer la situación de la violencia familiar en la región de Huauchinango).
Una característica que define a la violencia doméstica es que ésta se ejerce dentro del ámbito doméstico, generalmente por personas entre las que se establecen lazos de consanguinidad, o de conyugalidad; es decir, la ejerce el padre, el esposo –en su mayoría–, o el tío, hermano y suegro, entre otros. Por ello está presente una fuerte carga cultural y emocional que dificulta su identificación, tanto por la persona como por la sociedad en su conjunto.
Si bien es importante partir de reconocer la existencia de diferentes maneras de ser mujer y de vivir la opresión de género, que va de acuerdo con la posición que se ocupa en una estructura jerarquizada, en la que intervienen aspectos sociales, económicos y culturales, principalmente, debemos saber que la violencia doméstica quizá es la característica que hermana a la gran mayoría de las mujeres del mundo. Los datos de estadísticas en diversos países demuestran que cotidianamente entre un 40 por ciento y 80 por ciento de mujeres  son golpeadas en sus hogares, de donde podría inferirse que “el hogar es el sitio más peligroso para las mujeres”
Aunado a la problemática debemos agregar la escasez de estudios y estadísticas que muestren una cuantificación del problema, las cifras registradas en instituciones de salud o de procuración de justicia son apenas un referente inicial, pues por lo general no captan las situaciones de violencia, ya sea porque las mujeres no denuncian, o porque durante muchos años el problema se mantuvo en el ámbito de lo privado, y no era una problemática a considerar en las estadísticas institucionales. También existen dificultades sociales y culturales en la identificación de la violencia.
Ahora bien, si en centros urbanos, en los que existen cada vez mayor número de instituciones dirigidas a la atención y prevención de esta problemática, aún no se cuenta con datos certeros que dimensionen el problema, mucho menos en zonas rurales e indígenas, en donde la escasez de servicios se conjuga con el entramado de relaciones culturales que “naturalizan y justifican” la violencia hacia las mujeres.
En la zona de Huauchinango hemos observado que la violencia hacia las mujeres se encuentra inmersa en una red de valores y poderes que se entrelazan para reforzar las estructuras tradicionales que le permiten y que se reproduce debido al apego a una serie de tradiciones y costumbres, el seguimiento de preceptos morales y religiosos, así como por el desconocimiento de derechos. Así, resulta que muchas de las mujeres indígenas de la región no recurren a denunciar su problemática y pueden llevarse “su secreto” hasta la muerte.
Lo más comentado en esta zona de Huauchinango por las mujeres indígenas  es:  que   sufren muchos golpes, insultos, amenazas, que llegan a caer   en cama, pero no  demandan,  para que nadie se entere, y que a si se los  enseñaron y que deben de guardar silencio, que nunca piensan delatar al marido, porque a si las criaron que no podían ni levantar la vista para saludar, tenían que andar así nada más como los borreguitos, con la vista agachada, bueno ni se diga ellas no denunciarían ante las autoridades todo este tipo de abusos.
La violencia doméstica para las mujeres indígenas
En los espacios y escenarios en los que he interactuado con las mujeres nahuas de Huauchinango, éstas han expresado lo que para ellas es la violencia, refiriendo diversos aspectos que rebasan lo que varios estudios señalan como violencia física, emocional, económica y sexual. Su concepto de violencia o maltrato, como comúnmente lo denominan las mujeres indígenas, tiene que ver con el control de movimiento, de su salud y sexualidad y, en gran medida, con la obediencia que por tradición debe la mujer a su marido, así como por el seguimiento a costumbres y tradiciones dentro de las comunidades indígenas. Al respecto, señalan que violencia es:
— Cuando el marido golpea a la mujer, le grita cosas feas y no le da permiso de salir a ninguna parte.
— Cuando el marido la obliga a tener relaciones sexuales. 
— Cuando no la deja decidir cuándo y cuántos hijos quiere tener.
— Cuando el señor no da para el gasto de la casa.
— No poder salir sola de la casa.
— Cuando la suegra y el suegro se imponen en decidir.
— Tener mucha obligación en el trabajo de la casa.
— Cuando no nos permiten visitar a nuestras familias. 
— Cuando el esposo se apodera de la herencia de la mujer.
— Cuando el papá, o padrastro, viola a la hija.
Un aspecto importante que señalan las mujeres indígenas es el papel que juegan los suegros, principalmente la suegra, por lo general, es costumbre que cuando una mujer intenta apartarse de la norma, saliendo sola de su casa, o no cumple con lo que se considera sus obligaciones (atender y obedecer en todo a su marido), la suegra y el marido tienen el derecho de hacerla cumplir, utilizando incluso métodos violentos. En este caso las suegras actúan como “guardianas de la costumbre”, observando que sus nueras obedezcan y atiendan a sus hijos, como ellas lo hicieron con sus esposos.
Otros temas de los que hoy las mujeres hablan un poco más, pero que durante muchos años fueron tabú, son las prácticas del incesto que existen al interior de las familias, la poligamia y las relaciones sexuales entre parejas. A decir de las mujeres, estas prácticas se realizan, generalmente, a través de la fuerza física, o se cumplen simplemente como un mandato social. 
Las experiencias de vida, clasificadas por las mujeres de Huauchinango como violencia económica, son las siguientes: “el trabajo doméstico no se valora”, “hay reclamos porque se gasta uno el dinero”, “no se da dinero para el gasto, “el dinero que reciben las mujeres se los quitan”, “si se les da herencia a las mujeres se las quitan”
Asimismo, las mujeres indígenas reconocen y señalan otras formas de violencia que se ejerce en su contra y que se presenta fuera del ámbito doméstico, principalmente en las comunidades y en la región, asociado sobre todo con la violencia sexual, doméstica y con la discriminación étnica y genérica, por parte de autoridades y servidores públicos.
En cuanto a la violencia institucional que reciben por ser indígenas han señalado: maltrato en los hospitales por el uso de su lengua, el que los médicos no les expliquen los padecimientos ni sus tratamientos, señalan que hubo casos en los cuales las operan o les ponen el dispositivo sin su consentimiento; cuando van a denunciar, las autoridades las regañan y las tratan mal. Finalmente, señalan que la violencia institucional tiene que ver también con el hecho de que “los programas no respetan nuestra cultura
Violencia y salud
Los efectos que la violencia doméstica tiene en los diversos integrantes de las familias indígenas son cada vez más estudiados, sobre todo los que se refieren a la salud reproductiva de las mujeres. “hay abortos muchas veces por los golpes durante el embarazo, o ya de por sí porque la mujer está triste o asustada  por tanto maltrato psicológico y físico”; ante tal situación, “algunas mujeres se han muerto de las golpizas y porque no son atendidas”.
Violencia y justicia
Una alternativa cada vez más recurrida por las mujeres indígenas ha sido la denuncia de las situaciones de violencia y maltrato de que son objeto, la cual puede hacerse a través de la justicia tradicional de sus comunidades (derecho indígena), o bien, a través de las instancias de procuración de justicia del Estado (derecho positivo). Diversos estudios muestran que existe una articulación muy estrecha entre ambos tipos de derecho, dando como resultado formas de impartir justicia que, en determinados momentos, responde a uno u otro tipo de derecho y, en otros casos, se mezclan.
Las mujeres indígenas también se han posicionado respecto a estos tipos de derecho y justicia, señalando ventajas y desventajas para uno y otro. Con relación al derecho indígena las mujeres señalan como ventajas que “se habla en la propia lengua y hay más comunicación entre las personas y el juez”, “existe la conciliación  y la reparación del daño”, “conocemos nuestras leyes”, “se ahorra tiempo y no se gasta mucho dinero”. En cuanto a las desventajas se dice que “todos los jueces son hombres”, “existe machismo en lo que se refiere a la tradición”, “se entienden entre hombres, a veces son compadres”, “se regaña a la mujer y se entera la comunidad”, “por lo general no se respetan las actas”, “le hacen justicia al hombre”.
Esto sucede a las mujeres que deciden demandar, pero sabemos que hay muchas otras que ni siquiera logran hacerlo, por las siguientes razones: “nos da vergüenza que la comunidad se entere”, “no contamos con recursos o conocimientos para hacerlo”, “nos amenazan los hombres violentos” y, sobre todo, prevalece la idea de que “hay que guardar el secreto del hombre”. Finalmente una poderosa razón para que las mujeres sobrelleven el maltrato se encuentra estrechamente ligada a la pobreza y marginación de la gran mayoría de nuestras comunidades indígenas en esta región.

Usos y costumbres con relación en la violencia doméstica en zonas indígenas
Es importante señalar algunos puntos relacionados con las costumbres y tradiciones culturales que envuelven de diferentes maneras el tema de la violencia doméstica en zonas indígenas, aspectos que, además, son utilizados políticamente de acuerdo con los vaivenes del esencialismo y el racismo. Al respecto hemos observado que cuando la salvaguarda de los grupos étnicos ha sido el interés primordial de las políticas institucionales se mantienen posiciones en las cuales los usos y costumbres se tornan intocables y justificantes para no intervenir en situaciones que desencadenan la violencia de género. En otros momentos, en cambio, el blanco de ataque lo han sido precisamente los usos y costumbres que “atentan contra los derechos de las mujeres indígenas en sus comunidades”. 
Consideraciones finales
Las mujeres indígenas, hoy, sobreviven, resisten y enfrentan la violencia desde muy diversas maneras: desde las estrategias personales de atención con las curanderas y parteras de su comunidad, el apoyo familiar de padrinos o mayores, que en algunos casos se da la denuncia legal ante instancias comunitarias o del Estado o llevando “el secreto del hombre” hasta la muerte.
Recientemente, se desarrollan diversas estrategias para enfrentar la violencia, que parten de la solidaridad entre mujeres desde sus espacios organizativos e impulsando acciones de manera personal (el autocuidado y la autoayuda) hasta acciones colectivas (como el apoyo emocional a través de grupos de reflexión sobre su problemática) y políticas. También denuncian la violencia públicamente en sus comunidades y regiones.
La característica de la violencia doméstica, los patrones culturales, las deficiencias del sistema jurídico y de leyes apropiadas para tratar este fenómeno.
Asimismo cualquier acción que se impulse en las diversas regiones indígenas debe considerar a las mujeres y sus organizaciones como sujetos protagónicos.


¿Por qué ha elegido el tema?

He elegido el tema porque se me hace muy interesante y considero que hay muy poca difusión al respecto, aunque en los últimos años algunas Instituciones y organizaciones no gubernamentales se han dado a la tarea de implementar estrategias  que permiten a las mujeres de  las diferentes  regiones indígenas del país, conocer más sobre el tema de la violencia contra las mujeres indígenas y darles la oportunidad de valorarse a sí mismas.

¿De dónde partí para empezar a escribir?

Para iniciar a escribir  sobre el tema tuve que documentarme para poder abordarlo de una manera más amplia  y adecuada, complementado con las actividades que se desarrollan dentro de la Institución donde laboro.

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