La violencia en las mujeres
indígenas
La discriminación y la violencia hacia las mujeres indígenas
son temas poco estudiados; a menudo se carece de datos estadísticos
desagregados por sexo y por pertenencia étnica; se incorpora su problemática
sin atender a la diversidad cultural o suele estigmatizarse su situación dentro
de sus comunidades. En los diversos ámbitos se han estudiado de forma paralela
la situación de las mujeres y de los pueblos indígenas teniendo como resultado
sólo algunos puntos de convergencia. Por ello, es necesaria la realización de
informes que presenten la realidad específica de las mujeres indígenas para
determinar pautas que contribuyan al respeto de los derechos considerando el
diálogo cultural y la perspectiva de género. Es un hecho menudo se carece de
datos estadísticos desagregados por sexo y por pertenencia étnica; se incorpora
su problemática sin atender a la diversidad cultural o suele estigmatizarse su
situación dentro de sus comunidades. En los diversos ámbitos se han estudiado
de forma paralela la situación de las mujeres y de los pueblos indígenas
teniendo como resultado sólo algunos puntos de convergencia. Por ello, es
necesaria la realización de informes que presenten la realidad específica de
las mujeres indígenas para determinar pautas que contribuyan al respeto de los
derechos considerando el diálogo cultural y la perspectiva de género. Es un
hecho conocido desde la antigüedad y reconocido como un problema social. Las
Naciones Unidas en su 85ª sesión plenaria, el 20 de diciembre de 1993, ratificó
la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, donde se
afirma que esta violencia es un grave atentado a los derechos humanos de la
mujer y de la niña.
Quiero agregar algunos aspectos que
delimitan el enfoque de este trabajo: el primero es el no ver a las mujeres
únicamente en su papel de víctimas, lo que significa revisar la forma en que
conceptualizamos la subordinación de las mujeres; el segundo tiene que ver con
el tema de las representaciones, es decir, cómo construimos “las de afuera” la visión
sobre “las” o “los otros”, aclarando que, en este caso, si bien hablo desde una
posición muy cercana.
Es decir, se recogen las voces y
pensamientos de las mujeres a través de talleres, reuniones, foros y encuentros
en los que hemos convivido. La segunda y última aclaración se refiere a que,
aunque en algunos momentos se plantean generalizaciones, éstas son experiencias
de las mujeres nahuas de Huauchinango, por lo que pueden existir diferencias
con otras experiencias de violencia vividas por mujeres de otras regiones o
grupos culturales.
¿Violencia doméstica, violencia
intrafamiliar, violencia de género?
En primer lugar, quisiera hacer algunos comentarios sobre el concepto de violencia,
pues muchas veces se utilizan términos o conceptos como sinónimos, que en
realidad no lo son y que, más bien, tienen que ver con la forma en cómo se
concibe la problemática, y así las formas de atacarla. La violencia de género
incluye maltrato, abuso y hostigamiento sexual en el entorno doméstico y
público. El avance conceptual que representa identificar la violencia hacia la
mujer como de género, es que se asume que las relaciones asimétricas de poder
que existen en la sociedad entre hombres y mujeres representan uno de los
factores más relevantes para entender la gravedad y dimensión de la violencia
hacia la mujer. La característica de este tipo de violencia es que, a
diferencia de los otros hechos delictivos violentos, el factor de riesgo o
vulnerabilidad lo constituye el hecho de ser mujer (Diagnostico para conocer la
situación de la violencia familiar en la región de Huauchinango).
Una característica que define a la
violencia doméstica es que ésta se ejerce dentro del ámbito doméstico,
generalmente por personas entre las que se establecen lazos de consanguinidad, o
de conyugalidad; es decir, la ejerce el padre, el esposo –en su mayoría–, o el
tío, hermano y suegro, entre otros. Por ello está presente una fuerte carga
cultural y emocional que dificulta su identificación, tanto por la persona como
por la sociedad en su conjunto.
Si bien es importante partir de reconocer
la existencia de diferentes maneras de ser mujer y de vivir la opresión de
género, que va de acuerdo con la posición que se ocupa en una estructura
jerarquizada, en la que intervienen aspectos sociales, económicos y culturales,
principalmente, debemos saber que la violencia doméstica quizá es la
característica que hermana a la gran mayoría de las mujeres del mundo. Los
datos de estadísticas en diversos países demuestran que cotidianamente entre un
40 por ciento y 80 por ciento de mujeres son
golpeadas en sus hogares, de donde podría inferirse que “el hogar es el sitio
más peligroso para las mujeres”
Aunado a la problemática debemos agregar la
escasez de estudios y estadísticas que muestren una cuantificación del
problema, las cifras registradas en instituciones de salud o de procuración de
justicia son apenas un referente inicial, pues por lo general no captan las
situaciones de violencia, ya sea porque las mujeres no denuncian, o porque
durante muchos años el problema se mantuvo en el ámbito de lo privado, y no era
una problemática a considerar en las estadísticas institucionales. También
existen dificultades sociales y culturales en la identificación de la
violencia.
Ahora bien, si en centros urbanos, en los
que existen cada vez mayor número de instituciones dirigidas a la atención y
prevención de esta problemática, aún no se cuenta con datos certeros que dimensionen
el problema, mucho menos en zonas rurales e indígenas, en donde la escasez de
servicios se conjuga con el entramado de relaciones culturales que “naturalizan
y justifican” la violencia hacia las mujeres.
En la zona de Huauchinango hemos observado que
la violencia hacia las mujeres se encuentra inmersa en una red de valores y
poderes que se entrelazan para reforzar las estructuras tradicionales que le
permiten y que se reproduce debido al apego a una serie de tradiciones y
costumbres, el seguimiento de preceptos morales y religiosos, así como por el
desconocimiento de derechos. Así, resulta que muchas de las mujeres indígenas
de la región no recurren a denunciar su problemática y pueden llevarse “su
secreto” hasta la muerte.
Lo más comentado en esta zona de
Huauchinango por las mujeres indígenas
es: que sufren muchos golpes, insultos, amenazas, que
llegan a caer en cama, pero no demandan, para que nadie se entere, y que a si se
los enseñaron y que deben de guardar
silencio, que nunca piensan delatar al marido, porque a si las criaron que no
podían ni levantar la vista para saludar, tenían que andar así nada más como
los borreguitos, con la vista agachada, bueno ni se diga ellas no denunciarían
ante las autoridades todo este tipo de abusos.
La violencia doméstica para las mujeres
indígenas
En los espacios y escenarios en los que he
interactuado con las mujeres nahuas de Huauchinango, éstas han expresado lo que
para ellas es la violencia, refiriendo diversos aspectos que rebasan lo que
varios estudios señalan como violencia física, emocional, económica y sexual.
Su concepto de violencia o maltrato, como comúnmente lo denominan las mujeres
indígenas, tiene que ver con el control de movimiento, de su salud y sexualidad
y, en gran medida, con la obediencia que por tradición debe la mujer a su
marido, así como por el seguimiento a costumbres y tradiciones dentro de las
comunidades indígenas. Al respecto, señalan que violencia es:
— Cuando el marido golpea a la mujer, le grita cosas feas y no
le da permiso de salir a ninguna parte.
— Cuando el marido la obliga a tener relaciones sexuales.
— Cuando no la deja decidir cuándo y cuántos hijos quiere tener.
— Cuando el señor no da para el gasto de la casa.
— No poder salir sola de la casa.
— Cuando la suegra y el suegro se imponen en decidir.
— Tener mucha obligación en el trabajo de la casa.
— Cuando no nos permiten visitar a nuestras familias.
— Cuando el esposo se apodera de la herencia de la mujer.
— Cuando el papá, o padrastro, viola a la hija.
— Cuando el marido la obliga a tener relaciones sexuales.
— Cuando no la deja decidir cuándo y cuántos hijos quiere tener.
— Cuando el señor no da para el gasto de la casa.
— No poder salir sola de la casa.
— Cuando la suegra y el suegro se imponen en decidir.
— Tener mucha obligación en el trabajo de la casa.
— Cuando no nos permiten visitar a nuestras familias.
— Cuando el esposo se apodera de la herencia de la mujer.
— Cuando el papá, o padrastro, viola a la hija.
Un aspecto importante que señalan las
mujeres indígenas es el papel que juegan los suegros, principalmente la suegra,
por lo general, es costumbre que cuando una mujer intenta apartarse de la
norma, saliendo sola de su casa, o no cumple con lo que se considera sus
obligaciones (atender y obedecer en todo a su marido), la suegra y el marido
tienen el derecho de hacerla cumplir, utilizando incluso métodos violentos. En
este caso las suegras actúan como “guardianas de la costumbre”, observando que
sus nueras obedezcan y atiendan a sus hijos, como ellas lo hicieron con sus
esposos.
Otros temas de los que hoy las mujeres
hablan un poco más, pero que durante muchos años fueron tabú, son las prácticas
del incesto que existen al interior de las familias, la poligamia y las
relaciones sexuales entre parejas. A decir de las mujeres, estas prácticas se
realizan, generalmente, a través de la fuerza física, o se cumplen simplemente
como un mandato social.
Las experiencias de vida, clasificadas por
las mujeres de Huauchinango como violencia económica, son las siguientes: “el
trabajo doméstico no se valora”, “hay reclamos porque se gasta uno el dinero”,
“no se da dinero para el gasto, “el dinero que reciben las mujeres se los
quitan”, “si se les da herencia a las mujeres se las quitan”
Asimismo, las mujeres indígenas reconocen y
señalan otras formas de violencia que se ejerce en su contra y que se presenta
fuera del ámbito doméstico, principalmente en las comunidades y en la región,
asociado sobre todo con la violencia sexual, doméstica y con la discriminación
étnica y genérica, por parte de autoridades y servidores públicos.
En cuanto a la violencia institucional que
reciben por ser indígenas han señalado: maltrato en los hospitales por el uso
de su lengua, el que los médicos no les expliquen los padecimientos ni sus
tratamientos, señalan que hubo casos en los cuales las operan o les ponen el
dispositivo sin su consentimiento; cuando van a denunciar, las autoridades las
regañan y las tratan mal. Finalmente, señalan que la violencia institucional
tiene que ver también con el hecho de que “los programas no respetan nuestra
cultura
Violencia y salud
Los efectos que la violencia doméstica
tiene en los diversos integrantes de las familias indígenas son cada vez más
estudiados, sobre todo los que se refieren a la salud reproductiva de las
mujeres. “hay abortos muchas veces por los golpes durante el embarazo, o ya de
por sí porque la mujer está triste o asustada
por tanto maltrato psicológico y físico”; ante tal situación, “algunas
mujeres se han muerto de las golpizas y porque no son atendidas”.
Violencia y justicia
Una alternativa cada vez más recurrida por
las mujeres indígenas ha sido la denuncia de las situaciones de violencia y
maltrato de que son objeto, la cual puede hacerse a través de la justicia
tradicional de sus comunidades (derecho indígena), o bien, a través de las
instancias de procuración de justicia del Estado (derecho positivo). Diversos
estudios muestran que existe una articulación muy estrecha entre ambos tipos de
derecho, dando como resultado formas de impartir justicia que, en determinados
momentos, responde a uno u otro tipo de derecho y, en otros casos, se mezclan.
Las mujeres indígenas también se han
posicionado respecto a estos tipos de derecho y justicia, señalando ventajas y
desventajas para uno y otro. Con relación al derecho indígena las mujeres
señalan como ventajas que “se habla en la propia lengua y hay más comunicación
entre las personas y el juez”, “existe la conciliación y la reparación del daño”, “conocemos
nuestras leyes”, “se ahorra tiempo y no se gasta mucho dinero”. En cuanto a las
desventajas se dice que “todos los jueces son hombres”, “existe machismo en lo
que se refiere a la tradición”, “se entienden entre hombres, a veces son
compadres”, “se regaña a la mujer y se entera la comunidad”, “por lo general no
se respetan las actas”, “le hacen justicia al hombre”.
Esto sucede a las mujeres que deciden
demandar, pero sabemos que hay muchas otras que ni siquiera logran hacerlo, por
las siguientes razones: “nos da vergüenza que la comunidad se entere”, “no
contamos con recursos o conocimientos para hacerlo”, “nos amenazan los hombres
violentos” y, sobre todo, prevalece la idea de que “hay que guardar el secreto
del hombre”. Finalmente una poderosa razón para que las mujeres sobrelleven el
maltrato se encuentra estrechamente ligada a la pobreza y marginación de la
gran mayoría de nuestras comunidades indígenas en esta región.
Usos y costumbres con relación
en la violencia doméstica en zonas indígenas
Es importante señalar algunos puntos
relacionados con las costumbres y tradiciones culturales que envuelven de
diferentes maneras el tema de la violencia doméstica en zonas indígenas,
aspectos que, además, son utilizados políticamente de acuerdo con los vaivenes
del esencialismo y el racismo. Al respecto hemos observado que cuando la
salvaguarda de los grupos étnicos ha sido el interés primordial de las
políticas institucionales se mantienen posiciones en las cuales los usos y
costumbres se tornan intocables y justificantes para no intervenir en
situaciones que desencadenan la violencia de género. En otros momentos, en
cambio, el blanco de ataque lo han sido precisamente los usos y costumbres que
“atentan contra los derechos de las mujeres indígenas en sus comunidades”.
Consideraciones finales
Las mujeres indígenas, hoy, sobreviven,
resisten y enfrentan la violencia desde muy diversas maneras: desde las
estrategias personales de atención con las curanderas y parteras de su
comunidad, el apoyo familiar de padrinos o mayores, que en algunos casos se da
la denuncia legal ante instancias comunitarias o del Estado o llevando “el
secreto del hombre” hasta la muerte.
Recientemente, se desarrollan diversas
estrategias para enfrentar la violencia, que parten de la solidaridad entre
mujeres desde sus espacios organizativos e impulsando acciones de manera
personal (el autocuidado y la autoayuda) hasta acciones colectivas (como el
apoyo emocional a través de grupos de reflexión sobre su problemática) y
políticas. También denuncian la violencia públicamente en sus comunidades y regiones.
La característica de la violencia
doméstica, los patrones culturales, las deficiencias del sistema jurídico y de
leyes apropiadas para tratar este fenómeno.
Asimismo cualquier acción que se impulse en
las diversas regiones indígenas debe considerar a las mujeres y sus
organizaciones como sujetos protagónicos.
¿Por qué ha elegido el tema?
He elegido el tema porque se me hace muy
interesante y considero que hay muy poca difusión al respecto, aunque en los
últimos años algunas Instituciones y organizaciones no gubernamentales se han
dado a la tarea de implementar estrategias que permiten a las mujeres de las diferentes regiones indígenas del país, conocer más
sobre el tema de la violencia contra las mujeres indígenas y darles la
oportunidad de valorarse a sí mismas.
¿De dónde partí para empezar a escribir?
Para iniciar a escribir sobre el tema tuve que documentarme para
poder abordarlo de una manera más amplia
y adecuada, complementado con las actividades que se desarrollan dentro
de la Institución donde laboro.
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